Visitar Pantanal fue una apuesta personal de la que hoy no nos podemos sentir más orgullosos. Cuando planificamos el viaje queríamos disfrutar de la naturaleza de Brasil y pensamos en el Amazonas, pero apareció un factor clave: el jaguar. Al investigar, descubrimos que uno de los mejores lugares del mundo para verlos en libertad no era el Amazonas, sino el suroeste del país: Pantanal.
Pantanal es el humedal de agua dulce más grande del mundo, situado en Brasil y extendiéndose hacia Bolivia y Paraguay. Es un auténtico santuario de biodiversidad, famoso por su población de jaguares, caimanes y aves, ideal para el ecoturismo y la observación de fauna salvaje. Llegar hasta este enclave es toda una odisea, pero merece muchísimo la pena.
El CAMINO HACIA PANTANAL
Para llegar hay que volar a Cuiabá, a unas 4–5 horas por carretera de Porto Jofre, punto clave para el avistamiento de jaguares. Desde allí comienza la mítica Transpantaneira, una carretera de tierra que atraviesa el Pantanal, donde ya se pueden ver capibaras, caimanes y aves. Es un trayecto espectacular y muy escénico.
Es muy importante reservar con antelación el safari en barco, ya que existen muchos timos y empresas poco fiables. En Porto Jofre hay pocas operadoras “legales”, por lo que conviene elegir bien. Nosotros optamos por Pousada Berço Pantaneiro y fue una experiencia excelente: incluye traslados, comidas, alojamiento y el safari en barco, todo muy bien organizado.
EN BÚSQUEDA DE LO LEGENDARIO
El día en Pantanal empieza muy temprano, con los monos aulladores despertando al amanecer, y a las 06:30 comienza el safari. Las primeras horas del día son clave para el avistamiento de jaguares, por lo que es fundamental madrugar mucho y tener paciencia. El paseo en barca dura varias horas y se siente como estar dentro de un documental de naturaleza en vivo.
Durante la excursión es posible ver jaguares, capibaras, caimanes y una enorme variedad de aves, aunque el jaguar no siempre aparece fácilmente. Hay que tener en cuenta que el calor en las horas centrales es intenso, por lo que es recomendable llevar ropa ligera, gorro, protección solar y repelente de insectos.
En nuestro caso, el esfuerzo mereció la pena: vimos varios jaguares en libertad, especialmente al final del día. Pero más allá de eso, lo realmente impresionante es la experiencia completa: estar en uno de los ecosistemas más salvajes y auténticos del planeta, donde cada momento en el agua es pura naturaleza en estado salvaje.


