Las Cataratas del Iguazú son uno de los espectáculos naturales más impresionantes del planeta. Se encuentran en la frontera entre Argentina y Brasil y cuentan con más de 270 saltos de agua rodeados de selva subtropical. Fueron vistas por europeos en 1541 por el explorador Álvar Núñez Cabeza de Vaca, aunque ya eran sagradas para los pueblos indígenas guaraníes, quienes incluso tienen leyendas sobre su origen. Su nombre Iguazú proviene del idioma guaraní: “y” (agua) y “guazú” (grande), es decir, “agua grande”. Un nombre simple pero muy preciso.
Si visitas Argentina o Brasil son parada obligatoria para conocerlas, ya que llegar hasta ellas es sencillo y cuentan con aeropuerto tanto en la parte argentina como en la brasileña. Si viajas desde el lado brasileño, como fue nuestro caso, hay muchas combinaciones de vuelos directos desde Sao Paulo o Rio de Janeiro. Desde el aeropuerto, que comparte el nombre con el de la ciudad “Foz do Iguaçu”, hay muchos alojamientos de diferentes presupuestos, desde hoteles lujosos con piscina hasta albergues más humildes. Nosotros decidimos hospedarnos en la ciudad para tener más opciones de comer/cenar en restaurantes, además es sencillo y económico ir en Uber hasta las cataratas.
LADO BRASILEÑO
Si estás en Brasil, es el lado más sencillo de visitar ya que no tienes que cruzar la frontera. Desde la ciudad tienes desde buses hasta taxis/Uber. Nosotros elegimos Uber para ahorrar tiempo ya que tampoco nos pareció cara esta opción.
Una vez en la entrada, hay unas taquillas para comprar la entrada; también hay mucho personal multilingüe donde te explican dónde comprar las entradas e incluso la opción de visitar las cascadas en barco.
Cuando entras al parque tienes que esperar por unos buses de dos pisos que realizan paradas en los diferentes puntos del parque, siendo la primera parada un sendero para bicicletas, la segunda para visitar las cataratas en barco, la tercera para iniciar el recorrido de las cataratas a pie (la nuestra) y la última parada donde termina el recorrido de las cataratas y el bus vuelve; además hay restaurantes y tiendas.
El sendero para recorrer las cataratas de Iguazú en el lado brasileño es muy sencillo, cuenta con varios miradores panorámicos donde la gente se apelotona para realizarse selfies. En algún momento puede ser algo agobiante si coincides con niños haciendo la excursión o un grupo grande de asiáticos persiguiendo su foto 10.000, pero en todo caso puedes armarte de paciencia y dejarlos pasar. El recorrido no es muy largo (1,5 km) y se hace en unas 2 horas tranquilamente. El final del recorrido es la pasarela de la Garganta del Diablo, la zona más espectacular, ya que sortea la catarata llevándote hasta el borde donde es imposible no mojarse (tenlo en cuenta si llevas dispositivos electrónicos).
Como esta excursión nos llevó medio día, decidimos hacer el paseo en barco en el lado brasileño. Hay dos tipos de barco: el que se acerca a las cataratas pero con una distancia prudente en la que no te mojas, y el barco en el que literalmente pasa por debajo de una de las cascadas y sales completamente duchado. Ambos tienen el mismo precio y en la misma cola te van preguntando para separarte y subirte al que elijas.
La cola es algo desesperante, tanto la previa al tren (paseo por la selva en trenecito) como la que se realiza en el embarcadero. Una vez allí, hay tienda, baños y taquillas (de pago) para dejar ropa seca y cambiarte después. El lugar es un show: la gente va literalmente en bañador y descalza. Te recomendamos llevar lo justo y dejar una muda seca para cambiarte.
El barco es una lancha semirrígida de alta potencia que va remontando el río. No considero peligroso el viaje, pero sí es obligatorio el uso de chaleco. Es imposible no sentir adrenalina con la velocidad y giros que toma el piloto, sobre todo cuando llegas al punto donde pasa por debajo de la cascada, y no una, sino dos veces. Con los gritos y la emoción apenas se siente frío, y eso que al ser última hora de la tarde no había sol, pero la experiencia es totalmente recomendable.
LADO ARGENTINO
Visitar las cataratas de Iguazú de lado argentino por tu cuenta hospedándote en Brasil no es fácil pero no es imposible. La primera idea que tienes que descartar es el Uber, ya que no es posible cruzar la frontera en él y los viajes que solicitas se quedan al otro lado del puente. Unos amigos lo consiguieron negociando pero para nosotros fue imposible, así que la forma más sencilla es ir a la estación de buses de Foz do Iguaçu y ahí coger el bus que te lleva hasta la terminal de buses de Puerto Iguazú en el lado argentino.
Por el camino paras en migración, donde es obligatorio presentar el pasaporte; lo bueno es que el bus te espera a que realices el trámite. Una vez pases la frontera, el chofer puede indicarte una parada en una intersección por la que pasa el bus que te lleva a las cataratas de Iguazú o, si no, continuar el viaje y tomarlo en el punto de salida en la estación de buses. En dicha intersección hay muchos taxistas argentinos que te ofrecen llevarte a las cataratas; el precio que conseguimos fue el mismo que el del bus, ya que otra pareja española hizo grupo con nosotros y entre los cuatro nos costó lo mismo que si hubiéramos ido en bus.
Es importante llevar consigo dinero en efectivo, incluso es posible pagar en dólares.
Una vez en el parque de las cataratas de Iguazú se puede comprar la entrada en las taquillas.
En el lado argentino de las cataratas hay varios senderos que permiten vivir una experiencia muy cercana al agua: el imprescindible circuito hacia la Garganta del Diablo recorre pasarelas sobre el río hasta llegar a la caída más impresionante; el Circuito Superior ofrece vistas panorámicas desde arriba de las cascadas; y el Circuito Inferior permite acercarse al pie de los saltos, con miradores donde es fácil acabar empapado. Para quienes buscan algo más tranquilo y natural, el Sendero Macuco atraviesa la selva hasta una cascada menos concurrida. Todo el recorrido se conecta cómodamente mediante el Tren Ecológico de la Selva, que facilita moverse entre los principales puntos del parque.
Por todo el parque es fácil encontrarse con monos capuchinos, iguanas y aves, y el más temido de todos, el coatí. Es un animal inofensivo a no ser que lleves comida, ya que están constantemente a la caza de alimentos de los turistas. Por ello, en el parque, en cada estación con restauración, también hay un comedero con verjas para que puedas comer dentro de la zona protegida sin que te molesten. A lo largo del parque hay varios carteles que te avisan de no tocar a los animales, ya que aunque parezcan inofensivos pueden morder y transmitir enfermedades.
La conclusión es clara: merece la pena acercarse hasta este punto del planeta. Ambos lados son muy recomendables; de hecho se dice que Argentina pone las cataratas y Brasil las vistas. La combinación de naturaleza en estado puro, vistas panorámicas inolvidables y una experiencia sensorial total —ruido ensordecedor, bruma constante y paisajes que cambian a cada paso— lo convierte en un lugar único. Además, los parques nacionales que las rodean ofrecen fauna exótica y senderos accesibles.
Son impactantes, fáciles de entender… e imposibles de olvidar.


