Por fin había llegado el momento. Iba a cumplir uno de los sueños que tenía desde pequeño: subir a la cima del Mont Blanc, en Chamonix. La oportunidad apareció gracias a mis amigos Javi y Diego. Dos descerebrados incapaces de decir que no a nada, que durante la universidad habían hecho muy buena amistad con un auténtico enfermo de la montaña: Pablo. Con los años, aquel amigo acabaría convirtiéndose en guía de alta montaña en Chamonix. Así que, cuando me propusieron unirme a la aventura, tardé exactamente cero segundos en decir que sí. Quizá esa mezcla de inconsciencia y de no saber decir que no sea precisamente lo que ha mantenido viva esta amistad todos estos años.
Antes de lanzarme, hablé con Martín, amigo, futuro anestesista de mi operación de rodilla pendiente (LCA + menisco) y, además, compañero de expedición rumbo al Mont Blanc. Él consultó con los traumatólogos y la respuesta fue tan tranquilizadora como inquietante: subir, probablemente subiría sin problema… bajar ya era otra historia. Pero yo me encontraba bien, tenía confianza y, sobre todo, sabía que oportunidades así no pasan dos veces en la vida.
El equipo lo completaban Víctor, amante de la naturaleza y la escalada, que sería mi compañero de cordada, y Aitor, amigo de Martín y otro apasionado de la roca y la montaña, con experiencia previa y pocas dudas a la hora de apuntarse. Al final, sin darnos demasiada cuenta, teníamos delante una aventura de las que se recuerdan durante años.
El Mont Blanc, o Monte Bianco, con una elevación de 4.808 metros sobre el nivel del mar, es la montaña más alta de los Alpes occidentales, así como de la Unión Europea. Se sitúa entre Italia y Francia, aunque existe cierta controversia y ambos países se atribuyen la ubicación exacta de la cumbre dentro de sus fronteras.
Existen varias rutas que conducen a la cima desde Francia, Suiza o Italia. A continuación os cuento mi experiencia, con el objetivo de ayudaros si tenéis alguna duda y de animaros a que, si podéis y tenéis la oportunidad, no dudéis en vivir esta auténtica e increíble aventura.
17 SEPTIEMBRE 2022 - LLEGADA A CHAMONIX
Realicé todos los cambios de turno que pude para conseguir librar los días del viaje. Lo logré… salvo el día de salida. Mientras mis amigos ya ponían rumbo a la aventura, a mí todavía me tocaba trabajar aquella mañana antes de coger el último vuelo del día.
Recuerdo pedirle a un compañero que me cambiara guardias: yo le trabajaría su fin de semana y él me devolvería los días entre semana. Mientras se lo explicaba, me miraba con una mezcla de confusión y pena, como pensando: “¿Este chico me la está intentando colar o es realmente tan tonto como para regalar su único fin de semana libre del mes?”. Pero este viaje merecía la pena. Y vaya si la merecía.
La ruta que nosotros elegimos fue la que salía desde Francia, más concretamente desde Chamonix. Para llegar hasta este encantador pueblecito, situado a los pies del Mont Blanc, la opción más sencilla es viajar hasta Ginebra (Suiza) y, desde allí, coger un autobús con destino Chamonix. EasyBus, BlaBlaCar Bus y AlpiBus son algunas de las compañías que realizan el trayecto hasta Chamonix en aproximadamente una hora, y todas ellas salen desde el mismo aeropuerto de Ginebra. La última salida desde el aeropuerto es a las 18:00 h, tenedlo en cuenta para calcular vuestra llegada y que no os pase lo que me pasó a mí.
Un dato importante: es mejor comprar los billetes de autobús online. En el aeropuerto hay un puesto de información donde te dan los horarios y las compañías, pero es muy difícil encontrar disponibilidad para el mismo día. Hay que recordar que en Suiza, al no pertenecer a la Unión Europea, el uso de datos móviles puede tener un coste adicional dependiendo de la compañía telefónica. Mejor comprobarlo antes de viajar para evitar sustos. En mi caso, directamente puse el móvil en modo avión.
Mi vuelo aterrizaba a las 22:25 h, por lo que me vi obligado a coger un taxi hasta Chamonix. No hay un precio fijo, así que toca negociar con el conductor. A mí la broma me salió por unos 350-400 €, ¡un auténtico pastizal! Menos mal que mis amigos se apiadaron de mí y contó como bote común.
Finalmente llegué al apartamento sobre las 00:30 h, cansado tras haber trabajado por la mañana y con el estrés del viaje. Preparé el material que mis compañeros habían alquilado para mí y nos fuimos a la cama a descansar.
Las botas de montaña y los crampones los alquilamos en Snell Sports. El resto del material, como casco, arnés y piolet, nos lo prestó Pablo y el resto de guías amigos suyos que casualmente también eran españoles y realizan temporadas de trabajo allí en Chamonix.
18 SEPTIEMBRE 2022 - ACLIMATACIÓN DÍA 1: PUNTAS LACHENAL Y ARISTA DE LES COSMIQUES
Para los dos primeros días, antes de la subida al Mont Blanc, Pablo nuestro guía principal, nos había preparado un par de jornadas de aclimatación. Era importante adaptarnos tanto a la altura como al uso del material.
El despertador sonó a las 07:00 h y desayunamos en el apartamento “Monte del Destino”, bautizado así por el integrante más ingenioso de la expedición, Víctor. Desayuno hipercalórico: Twix, magdalenas y cookies de chocolate para coger fuerzas.
Terminamos de preparar todo el material y pusimos rumbo a la estación del teleférico de Chamonix (1.039 metros), donde habíamos quedado con Pablo y con Rubén, otro guía y amigo suyo que era, literalmente, otra cabra montesa. Él también nos acompañaría durante la aventura, ayudándonos y enseñándonos un montón por el camino. De hecho, fue el guía con el que compartimos cordada Víctor y yo.
A las 08:00 h comenzamos la subida desde Chamonix hasta la punta de l’Aiguille du Midi (3.842 metros), un lugar que impresiona incluso antes de poner un pie fuera del teleférico. Por el camino aprovechamos para comprar unos bocadillos en Le Fournil Chamoniard, muy recomendables y bastante económicos para los precios habituales de Chamonix.
El teleférico tarda unos 20 minutos en llegar a la cima, tiempo suficiente para que nos expliquen la actividad que vamos a realizar. Una vez arriba, nos colocamos toda la ropa de abrigo. Aunque hacía un día espectacular y lucía un sol radiante, la sensación térmica podía ser muy baja en las zonas expuestas al viento y, siendo nuestra primera toma de contacto con la montaña, más valía prevenir.
Nos colocamos los arneses y los cascos; los guías nos enseñaron a ponernos los crampones y salimos por la puerta de hielo que da acceso a la arista del Aiguille du Midi. Bajamos la arista en cordadas de tres, donde el guía se posiciona el último durante el descenso y el primero en las ascensiones. De este modo, se convierte en nuestro punto de seguridad en caso de tropiezo o caída.
La actividad consistía en familiarizarnos con el material de alta montaña y aprender las técnicas básicas. La cordada funciona sincronizada y todos debemos llevar el mismo ritmo. El guía nos preguntaba constantemente cómo íbamos para comprobar nuestra forma física, ya que caminar con crampones sobre nieve polvo es agotador, especialmente a esa altitud (unos 3.700 msnm).
Fuimos avanzando, cruzando alguna grieta y disfrutando de las vistas. En algunos tramos había rocas del tamaño de un coche que habían caído durante el verano debido a las elevadas temperaturas.
Llegamos a la base de las Puntas Lachenal (son tres cumbres), donde aprendimos a progresar utilizando el piolet y los crampones. La técnica consiste en combinar el apoyo de los crampones clavando las puntas en la nieve y ayudarse con el piolet, mientras la mano libre sirve también de apoyo.
Una vez superada la primera prueba y ya en la cima, nos tomamos unas barritas energéticas y nos hidratamos. (Muy importante tanto la hidratación como la protección solar a estas altitudes). Después de recuperar fuerzas, comenzamos el descenso y llegaron los primeros tropiezos… y también los primeros sustos. Para bajar correctamente, hay que llevar el piolet en la mano más cercana a la montaña, de forma que, si resbalas, puedas apoyarte en él y evitar deslizar demasiado.
Son momentos completamente nuevos para unos alpinistas inexpertos como nosotros, y reconozco que ponen los pelos de punta. Pero poco a poco nos fuimos acostumbrando.
Una vez abajo, nos hidratamos, nos quitamos un poco el susto de encima (aunque reconozco que, en el momento, no lo pasas especialmente bien) y reanudamos la marcha hacia la Cabaña des Cosmiques, donde empezaría el verdadero calvario.
En la cabaña descansamos y nos comimos el bocadillo. No sé si era el cansancio o si realmente el bocadillo era espectacular, pero me supo a gloria.
Era hora de volver al Aiguille du Midi ascendiendo por la arista de Les Cosmiques. Aquí el ascenso ya se convierte prácticamente en escalada, por lo que el guía se adelanta unos metros para asegurar el cordaje y que mi compañero y yo vayamos protegidos. No es una escalada técnica, pero sí exige ir muy atento a los movimientos del guía. Además, hay zonas donde toca descender haciendo rápel.
Con mayor o menor dificultad, finalmente llegamos al mirador del Aiguille du Midi, al que se accede por una escalera metálica.Nos reunimos con el resto del grupo y cogimos el teleférico de vuelta a Chamonix a las 16:30 h. Hacía un día espectacular, así que terminamos sentados en la terraza de un bar, bebiendo cervezas y comentando la experiencia entre risas. Para picar, unas patatas fritas.
Volvimos al apartamento para dejar los bártulos y ducharnos. Cenamos en la crepería Restaurant La Ferme. Tienen crepes dulces y salados, además de muchos otros platos. Destaca la fondue, que nosotros pedimos para compartir entre cuatro.
19 SEPTIEMBRE 2022 - ACLIMATACIÓN DÍA 2: GLACIAR MER DE GLACE
Empezamos el día un poco más tarde que el anterior, ya que habíamos quedado a las 09:00 h en la estación de tren de Chamonix para subir al glaciar Mer de Glace.
Desde aquí parte el famoso tren cremallera rojo que asciende por la empinada montaña hasta la estación de Montenvers. Tiene más de un siglo de antigüedad y el trayecto dura unos 20 minutos. Aunque los asientos de madera no son precisamente cómodos, las vistas compensan de sobra.
¡Importante no olvidar ni el forfait ni el material! Nosotros compramos el forfait el día anterior en el teleférico de Aiguille du Midi y nos sirvió para ambas jornadas.
En cuanto al material, lo mejor es dejarlo todo preparado la noche anterior. Y eso incluye los crampones… no como nuestro amigo Diego, que consiguió dejárselos olvidados en el apartamento. Mira que Pablo nos lo repitió varias veces: “No os olvidéis de los crampones”, algo bastante lógico cuando vas a caminar por una montaña de hielo.
Desde entonces, tengo claro que antes de salir merece la pena revisar todo dos veces, incluso cuando el cansancio aprieta y lo único que te pide el cuerpo es meterte en la cama.
Una vez llegamos a Montenvers, hay que bajar andando unos 15 minutos hasta el glaciar (aunque también existe la opción de hacerlo en teleférico). Allí hay unas escaleras metálicas —más de 400 peldaños— que conducen hasta la famosa gruta de hielo, abierta únicamente en verano.
Aquí te das cuenta de que el cambio climático es una realidad más que evidente. Conforme avanzas, distintos carteles indican la altura que tenía el glaciar en años anteriores. En apenas 35 años, el glaciar ha descendido más de 115 metros.
Caminamos sobre piedras desprendidas de las montañas cercanas, ayudándonos con los bastones y avanzando con cuidado, ya que muchas de ellas se movían bajo nuestros pies.
Una vez alcanzamos el hielo, nos colocamos los crampones y el arnés, y comenzamos las actividades previstas. Diego, que se había dejado los crampones en el apartamento, terminó usando los de Rubén, el guía. Rubén, por su parte, caminaba por el glaciar como si nada, asegurando incluso cerca de las paredes sin crampones… una auténtica bestia.
Pablo nos enseñó primero cómo progresar lateralmente sobre hielo, clavando los crampones y ayudándonos con el piolet. La posición de los pies es clave para aprovechar correctamente el agarre de los crampones. Fuimos avanzando y superando pequeñas paredes hasta llegar a la zona de escalada en hielo. Desde arriba, otro de los guías había instalado tornillos en el hielo que servían como anclaje. La técnica consistía en progresar por una pared de unos 60-70 grados de inclinación ayudándonos del piolet y los crampones.
Conforme avanzábamos, fuimos probando paredes cada vez más verticales y más técnicas, hasta llegar a zonas donde ya necesitábamos dos piolets específicos de escalada en hielo.
La última subida nos dejó completamente destrozados, especialmente a Martín que lo tuvieron que subir con fuerza de polea ya que colgaba como un jamón en la pared de hielo. Así que pusimos rumbo de nuevo a la estación.
La vuelta se hace agradable mientras te acompaña el sol… hasta llegar de nuevo a las escaleras metálicas. Sí, las más de 400 escaleras que antes parecían anecdóticas y ahora se convierten en un castigo perfecto para las piernas. Aunque bueno, todo suma como entrenamiento para el Mont Blanc.
Una vez en Chamonix, aprovechamos el buen tiempo y nos sentamos en una terraza junto al hotel Gustavia. Disfrutamos de una cerveza bien fría mientras apurábamos los últimos rayos de sol. Más que merecida. Mientras tanto, Pablo decidió subir con unos amigos suyos a tirarse en parapente e incluso nos hizo una videollamada mientras volaba sobre nuestras cabezas. Y es que estos guías de alta montaña están muy fuertes… y un poco locos también.
Para cenar fuimos a Poco Loco, donde pedimos hamburguesas para llevar y nos las comimos en el apartamento. Tremendas. Gigantes y perfectas para recuperar fuerzas. Después de cenar, dejamos preparado todo el material para la ascensión al Mont Blanc, donde pasaríamos la noche en el refugio de Goûter.
Y como Diego, uno de los integrantes de la expedición, es fisio, nos recomendó descargar piernas con unos masajes improvisados en los cuádriceps usando la mesa del salón. Algunos aguantamos; otros se fueron directamente a dormir porque no podían ni con su alma. Normal.
20 SEPTIEMBRE 2022 - LA HORA DE LA VERDAD, 1ª ETAPA: REFUGIO GOÛTER
Llegó el día y la hora de la verdad. Este día empezaremos la primera etapa del ascenso a la cima del Mont Blanc. El despertador suena a las 05:00h, no soy una persona que habitualmente desayune pero la ocasión me obliga a meter algo de carburante en el cuerpo, pues el esfuerzo va a ser durísimo.
Preparamos todo el material y recogemos el apartamento ya que no vamos a volver a él. Antes de las 06:00h nuestro guía nos espera para que dejemos todas nuestras pertenencias y las mochilas que llevaremos con nosotros al Mt Blanc.
A las 05:57h puntual nos espera abajo Pablo. Bajamos todas las pertenencias y las mochilas que llevaremos con nosotros al Mt Blanc, las pertenencias las dejaremos en la furgoneta de Pablo mientras estemos haciendo la expedición.
Conducimos hasta el pueblo Saint Gervais les Bains, allí cogeremos el tren cremallera (hora de salida 07:00h) que nos llevará hasta Nid Aigle (el refugio nido del águila 2412 m se encuentra ascendiendo unos 5 min del final de las vías). El tren es el más alto en Francia y hace tres paradas Bellevue – Col de Voza – Nid Agite.
Después de una hora y cuarto de trayecto, finalmente llegamos a las 08:15h, nos bajamos y respiramos el aire puro de la montaña, con nosotros muchos alpinistas que también vienen a hacer cima al Mt. Blanc, otros muchos vienen a dar un paseo por la montaña hasta el glaciar de Biossannay.
Comenzamos subiendo por un camino de piedras, usamos los bastones para ayudar en la pisada ya que hay muchas piedras sueltas, a nuestra izquierda queda Col des Rognes. Vamos viendo cabras salvajes que campan a sus anchas.
El camino no es complicado hasta que comienzas a subir hacia el refugio de Tête Rousse, ya que hay alguna placa de hielo y hay que tener cuidado de no resbalar. Las vistas son impresionantes a nuestra izquierda se puede apreciar el valle de Chamonix y frente a nosotros el Aiguille de Bionnassay completamente nevado.
Cuando llegamos al refugio de Tête Rousse nos calzamos los crampones, nos colocamos el arnés y casco ya que el suelo empieza a tener placas de hielo y caminamos hasta llegar a la famosa bolera, donde nos encordamos. Esta bolera conocida en Francia como Le Couloir de la Mort (pasillo de la muerte) es el paso más peligroso de la ruta de Goûter.
Más de 100 personas habían fallecido allí entre 1990 y 2017. Este amplio corredor (de roca mala durante el verano, con algún tramo de nieve o hielo) hace de embudo y escupe continuas ráfagas de piedras. En este paso hay unas normas que debes seguir, pasa cuando te avise tu guía, pase lo que pase no mires hacia arriba (ya que puede golpearte alguna piedra y el desenlace podría ser peor) y no te pares. Nosotros tuvimos suerte y cuando pasamos no nos cayeron piedras pero es muy habitual ver caer piedras de varios tamaños.
Pasada la bolera el camino se convierte mucho más vertical y comienza a complicarse el camino, teniendo que escalar por las piedras. No es difícil, pero sí se empieza a notar la altitud y las piernas empiezan a notar el cansancio debido a los agigantados pasos de subida. Hay zonas donde hay una cuerda metálica a la que puedes agarrarte para ayudarte a subir. Hacemos alguna parada para descansar, hidratarse, ponerse crema y, si miras hacia arriba, ya se empieza a divisar el refugio de Goûter.
Después de varias horas de ascensión finalmente llegamos al refugio, son las 13:30h y estamos desmayados. Al entrar debes dejar el material técnico (botas de montaña, crampones, arnés, piolé, etc) y coger de unos cubos gigantes unas crocs o similar para caminar por el refugio. Las chanclas pueden ser de cualquier color y talla, no existe el orden en ese cubo. Dejamos el material en las camas que nos asignan y nos ponemos cómodos. Acudimos al restaurante donde nos pedimos un plato de pasta que sale por 15€.
Recuerda que es imprescindible reservar con tiempo tanto el tren cremallera de subida, como los refugios, ya que tienen plazas limitadas. El precio de pernocta del refugio incluye: cama, cena y desayuno: Refugio Gouter (120 plazas).
Al concluir la comida y dejando claro los tiempos de quedada, nos marchamos a descansar, la altitud y el cansancio empiezan a ganar la batalla… ¡y esto no ha hecho nada más que comenzar!
Son las 15:45h y ya me encuentro en la cama de la litera, algunos ya duermen, otros simplemente descansan viendo alguna serie. No es el lugar mas cómodo, pero las instalaciones para estar en lo alto de una montaña son envidiables, hay bastante movimiento por los pasillos aunque la gente es bastante respetuosa y a penas hay ruido. Consigo dormir unas horas y, aunque el dolor de cabeza aún está presente, me siento más descansado.
Cuando nos levantamos, nos dicen que se han tenido que llevar a un alpinista en helicóptero debido al mal de altura… en esos momentos es cuando realmente te das cuenta de que lo que estás haciendo no es un paseo y, aunque el buen rollo del grupo camufla un poco la intensidad de la actividad, hay que ser conscientes de los límites de cada uno, de cómo llegamos de preparados y si contamos realmente con guías profesionales.
En este caso, el alpinista que tuvo que ser evacuado lo vimos subiendo y nuestro guía ya nos comentó que estaba bastante al límite. Más tarde lo vimos en el refugio en una esquina, su aspecto era como el que se despierta de resaca o se acaba de dormir de la borrachera pero claro, nunca sabes en que nivel está. De hecho, nuestros guías fueron los que se preocuparon por él, y fue cuando vieron que su saturación de O2 en sangre era preocupante, así fue como el refugio dio la voz de alarma.
Son las 18:30h y nos reunimos en la mesa asignada, no hay mucha hambre pero hay que coger fuerzas para el esfuerzo posterior. La cena, que está incluida en el precio, trata de un primero: una sopa de cebolla con picatostes, no es de estrella Michelin pero está bastante buena y un plato calentito sienta estupendamente. De segundo, pollo con lentejas ¿será el típico plato francés “cassoulet”? Por último, el postre se compone de un tiramisú casero… ¡quién me iba a decir que iba a comer tan bien en un refugio a 3.817 metros! ¿Y las vistas? Increíbles.
Una vez terminamos de cenar, los más valientes salen fuera para captar alguna fotografía. Otra de las cosas que hay que tener en cuenta es que el agua no es suministrada por los refugios, por lo tanto, llevar dinero en metálico para su compra.
Una vez hecho el reposo de la comida y atando los últimos flecos de la instrucción de la subida, dejamos preparado el material y nos acostamos. Son las 20h y como los Lunnis nos vamos a la cama para intentar dormir/descansar todo lo que se pueda. Hay que tener cuidado con los somníferos, mucha gente los lleva para poder gestionar el sueño, pero cuando hay altitud, son muy peligrosos y totalmente contraproducentes.
21 SEPTIEMBRE 2022 - LA HORA DE LA VERDAD, 2ª ETAPA: LA CIMA DEL MONT BLANC
Consigo dormir algo y descansar. El despertador suena a las 02:30 h, ya que a las 03:00 h sirven el desayuno. Cuando bajo al comedor, el refugio ya está completamente despierto: alpinistas vistiéndose, ajustando material, cepillándose los dientes… se respira nerviosismo y emoción.
El desayuno es sencillo: tostadas y algo de embutido. Pedimos que nos llenen el termo grande (1,4 L) con agua caliente para añadir mi ingrediente secreto… hojas de coca. Sí, había guardado una bolsita de mi viaje a Quito y no desaproveché la ocasión. Sus propiedades ayudan bastante con el esfuerzo físico y la altitud.
Finalmente nos colocamos todas las capas de ropa térmica y el material técnico. La previsión era bastante buena; aunque la temperatura no era extremadamente baja, la sensación térmica rondaba los -15 ºC debido al viento, que soplaba entre 20 y 30 km/h.
Una vez preparado, salgo antes que el resto del grupo junto a mis compañeros de cordada. Dentro del refugio hace muchísimo calor y hay bastante caos, así que prefiero esperar fuera. Y la sorpresa es enorme: apenas tengo frío. No hay absolutamente nada de luz y el silencio de la montaña es total. Son las 03:45 h y comenzamos la ascensión.
El primer gran objetivo es el Dôme du Goûter. El avance es lento pero constante; a cada paso solo se escucha el crujido de los crampones sobre la nieve. De vez en cuando levantaba la mirada intentando calcular cuánto quedaba, pero la oscuridad de la noche no deja ver prácticamente nada. A lo lejos, las luces de algunos frontales dejaban claro que aún quedaba muchísimo camino.
Después de unas dos horas, llegamos al refugio Vallot. Sigue siendo completamente de noche y el viento empieza a hacerse notar con fuerza tras el collado del Dôme du Goûter. El frío se concentra sobre todo en los pies. Tenía los dedos completamente entumecidos; literalmente no los sentía.
Dejamos los bastones fuera y, una vez dentro del refugio, nos envolvemos en unas mantas para intentar recuperar algo de calor. Es curioso cómo, en cuanto te detienes, notas de golpe el frío real que hace ahí fuera.
Como no conseguía entrar en calor, saqué los calentadores de manos que nos había dado el guía y esperamos al resto del grupo. Media hora después llegaron los demás y aprovechamos para descansar un poco y comentar cómo iba todo.
Y vaya si habían pasado cosas.
Diego tuvo que darse la vuelta durante la subida al Dôme du Goûter porque las botas le estaban destrozando los talones. Pablo era el guía de esa cordada y lo acompañó de regreso al refugio de Goûter y después volvió a subir hasta Vallot. Fue tal el esfuerzo que llegó incluso a vomitar.
Mientras yo seguía escondido bajo aquellas mantas buscando algo de calor, irrumpieron varios alpinistas en el refugio. Uno de ellos lloraba diciendo que tenía los dedos congelados, mientras su compañero intentaba calentárselos con un hornillo de gas. Y lo más increíble es que apenas fui consciente de todo aquello teniéndolos a menos de un metro.
El refugio Vallot es únicamente un refugio de emergencia: sin mantenimiento, sin calefacción y sin ninguna comodidad. No está pensado para alojar montañeros, sino para servir de refugio en situaciones críticas. Allí también hay una radiobaliza de emergencia.
Nos ponemos de nuevo en marcha, esta vez sin bastones, ya que el tramo final tiene más inclinación y cualquier peso extra molesta. Desde Vallot se remonta una pendiente de nieve que da acceso a la arista de Les Bosses.
El primer tramo alcanza pendientes cercanas a los 40º, aunque todavía es relativamente ancho. Después la arista se estrecha y queda mucho más expuesta al viento y a posibles caídas.
Este tramo se hace durísimo. Las piernas apenas responden y avanzamos dando pasos muy cortos. Reconozco que en algún momento terminé prácticamente subiendo a cuatro patas del cansancio.
Nos ayudamos con el piolet mientras seguimos ganando altura y, poco a poco, los primeros rayos de sol empiezan a iluminar la enorme sombra de la cima proyectada sobre los valles. Una imagen absolutamente espectacular.
Durante la subida aparecen pensamientos bastante pesimistas, pero nuestro guía no deja de animarnos e incluso, en algún momento, literalmente tira de nosotros para seguir avanzando.
Después de más de hora y media de esfuerzo brutal y avanzando más por fe que por fuerzas, hacemos el último esfuerzo.
Y entonces llegamos. La sensación es indescriptible.
Además, tuvimos la suerte de alcanzar la cima completamente solos, algo muy poco habitual. Caminamos unos metros sobre la nieve dura y nos fundimos en un abrazo.
¡Lo habíamos conseguido!
Después de hacer fotos, vídeos y disfrutar de unas vistas difíciles de explicar con palabras, comenzamos el descenso. Pasamos de nuevo por el refugio de Goûter para recoger parte del material que habíamos dejado y continuamos bajando. Aunque físicamente el descenso exige menos cardio, termina siendo un castigo tremendo para las rodillas y hay que mantener la concentración.
Finalmente llegamos a Nid d’Aigle sobre las 15:00 h completamente destrozados.
El dolor se concentra ahora en los dedos de los pies. Al quitarme las botas descubro varias uñas moradas por el roce durante la bajada.
Nos tumbamos en el césped mientras esperamos el tren cremallera de las 16:45 h, disfrutando del sol y de esa mezcla rara entre agotamiento absoluto y felicidad.
Llegamos sobre las 18:00 h de vuelta a Chamonix, devolvemos el material alquilado y hacemos el check-in en el Hôtel Vallée Blanche, donde pasaríamos la última noche.
También aprovechamos para comprar online los billetes de autobús Chamonix-Ginebra con la compañía SwissTours.
Esa noche habíamos quedado a las 20:00 h para cenar en MBC Chamonix Micro Brasserie y recuperar fuerzas entre cervezas artesanales y platos de alitas.
Después de la cena y algún bailoteo por pubs de Chamonix (muy recomendable “Quai du Vieux Moulin”), nos fuimos a dormir.
22 SEPTIEMBRE 2022 - FIN DE LA EXPERIENCIA Y VUELTA A CASA
Nos despertamos tranquilamente y fuimos a desayunar a La Fabrica, un sitio muy recomendable. Nos comimos una focaccia en la terraza mientras observábamos a lo lejos la silueta del Mont Blanc y sus famosas “jorobas”.
Y pensar que apenas unas horas antes estábamos allí arriba…
A las 12:30 h sale el autobús dirección al aeropuerto y ponemos fin a una de las mayores aventuras que he vivido hasta el momento.


